Dentro de la región pirenaica del Alto Garona, en el sur de Francia, existen unos paisajes de montaña increíbles que hasta ahora no había tenido la ocasión de conocer. Ha sido en un reciente viaje por la zona cuando me he quedado prendada de esta tierras fronterizas. Altas cimas y valles boscosos donde convergen caminos primitivos que fueron durante siglos las vías de comunicación entre los pueblos españoles y franceses. Con el auge del alpinismo y el desarrollo turístico, estos viejos itinerarios han acabado por convertirse en rutas de senderismo que ostentan un gran valor histórico y paisajístico. Aquí te recomiendo una de las muchas excursiones que puedes hacer desde el conocido Hospice de France, situado a pocos kilómetros de la población Bagnères-de-Luchon. Se trata de un sencillo recorrido lineal, sin dificultad técnica, que atraviesa un elegante hayedo hasta desembocar en su parte final en un impresionante circo glaciar: el Cirque de la Glére.
¡Uno de los parajes más selectos del Pirineo Francés!
Para comenzar hay que subir por una carretera de montaña bien asfaltada hasta el Hospice de France, un lugar que cuenta con un amplio aparcamiento gratuito. Sin embargo, parece que en temporadas de mayor afluencia turística se queda pequeño, por eso hay que madrugar un poco si se va en verano. Según íbamos llegando nos hemos echado las manos a la cabeza al ver la cantidad de coches apilados sin orden por los arcenes. Ya pensábamos que tendríamos que dar media vuelta, hasta que una hada salida del bosque nos ha hecho señas muy amablemente para ofrecernos la plaza de su coche. ¡Qué detalle! 😍
El Hospice de France está situado en un enclave histórico que tiene mucho que contar, pues ha sido desde la antigüedad uno de los puntos de intercambio fronterizo más importantes de la cordillera pirenaica. El edificio primigenio era un refugio de montaña básico que daba cobijo a los viajeros, comerciantes y peregrinos que cruzaban la frontera entre España y Francia a través del cercano Puerto de Benasque. Aunque se desconoce la fecha exacta de su fundación, existe un primer registro documental de principios del siglo XIII que sugiere que ya venía funcionando desde una época anterior. Imagino que transitar por estos pasos de montaña en aquellos tiempos podía ser una odisea en la que las personas se jugaban la vida, sobre todo en la época invernal, por ello tenía todo el sentido del mundo la existencia de esta posada. Durante los periodos de guerra entre ambos países fue un puesto de guardia avanzado para las tropas francesas y, posteriormente, se convirtió en punto de agrupamiento y resistencia al régimen de Franco durante la Guerra Civil Española. También tuvo un papel clave en la Segunda Guerra Mundial, pues estas montañas eran a veces la única vía de escape para las personas perseguidas por el régimen nazi. En definitiva, un cruce de caminos muy transitado desde siempre, que ahora lo es todavía más gracias a turistas y montañeros.
A día de hoy encontramos un sofisticado refugio que cuenta con restaurante y una estupenda terraza con vistas a las montañas, aunque el lugar sigue manteniendo su esencia hospitalaria.
Dado que nos encontramos al lado de algunos de los puertos de montaña más míticos de todos Los Pirineos, es lógico que desde aquí partan infinidad de rutas de distintos niveles de dificultad. Y aunque dan ganas de realizar cualquiera de estos senderos, el cansancio acumulado en los días previos nos hace decantarnos hoy por una opción más fácil. Así es como damos de lado a las imponentes subidas que rodean el Hospice de France y nos desviamos hacia una senda bien trazada que surge a la derecha.
Nada más cruzar el arroyo de La Pique por el puente Pont de Penjat somos testigos de cómo los senderistas se reparten entre las diferentes rutas, lo que supone un alivio para los que buscamos alejarnos de la masificación.
Dos grandes hayas dispuestas a cada lado del camino son la puerta de entrada a un denso y silencioso bosque que de forma irremediable se apodera de nuestra alma.
De ahora en adelante andamos prácticamente solos y podemos disfrutar de un desfile de modelos muy particular, con hayas, pinos y abetos de todos los tamaños y para todos los gustos.
Si bien es un sendero sencillo y prácticamente sin desnivel, conviene prestar atención en algunos tramos en los que se va bordeando la ladera y se aprecia una caída considerable. Hay puntos de agarre con cuerdas aunque no es necesario usarlos si vamos con cuidado.
De vez en cuando se van abriendo entre la espesura de los árboles unas panorámicas del Bosque de Sajust y los extensos valles de alrededor.
La ruta discurre por el conocido Camino de la Emperatriz, llamado así en honor a Eugenia de Montijo, la aristócrata española que acabó convirtiéndose en emperatriz del país galo por su matrimonio con Napoleón III. Al parecer, su afición por la naturaleza y los baños termales tan de moda en su época, la hicieron una asidua visitante de esta región del sur de Francia. Y para facilitar sus paseos por el campo se construyó este sendero, que transcurre de forma suave y cómoda por un magnífico bosque de cuento.
El entramado arbóreo termina de forma repentina al llegar al majestuoso Circo de la Glère. Ante nosotros se abre de pronto un amplio espacio con forma de anfiteatro natural, el cual ha sido modelado con precisión por los movimientos de tierra de las últimas glaciaciones.
Al descender a la parte central nos sentimos rodeados por enormes paredes de piedra que chorrean agua por doquier. Aquí somos libres de tomar una u otra vereda para explorar los incontables recovecos del circo glaciar, coronado por el Pico Sacroux y otras cumbres de más de 2500 metros de altitud.
Las montañas custodian un idílico entorno de praderas verdes y arroyos en los que es un gustazo sentarse a reponer fuerzas, remojar los pies o simplemente contemplar la grandiosa obra de la naturaleza.
No apetece nada marcharse de este lugar, por eso no es de extrañar que algunos decidan empezar esta excursión por la tarde, para llegar cuando todos se han ido y poder dormir bajo las estrellas dentro del circo glaciar.
Nosotros emprendemos el regreso por el mismo camino de ida, apreciando cada detalle del bosque ahora en sentido inverso.
Concluimos la ruta al llegar de nuevo al Hospice de France, pero antes de marcharnos nos detenemos un rato en el arroyo de La Pique para descansar en sus gélidas aguas.
¡Hasta la próxima rutilla!
Más información técnica de la ruta y descarga del mapa aquí.









































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