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Pueblos y rincones con encanto de la isla de La Gomera.

Si las Islas Canarias han sido consideradas como tierras afortunadas es porque lo son, y La Gomera no es una excepción. La fuerza de la naturaleza es mayúscula en esta pequeña isla que derrocha paisajes desafiantes, desde profundos barrancos a playas apacibles, desde regiones áridas a selvas tropicales de lo más frondosas. Así es La Gomera, una isla excéntrica, viva, entrañable. Es aclamada por sus extraordinarios bosques de laurisilva, pero también es capaz de asombrar al visitante con otros muchos alicientes ocultos. Su maravilloso clima, los coquetos pueblos repartidos por su geografía, una sabrosa gastronomía y, por encima de todo, el carácter acogedor de sus habitantes. Sea por el motivo que sea La Gomera tiene el poder de atraparte desde el primer instante en que la pisas y, después de recorrerla de cabo a rabo, puedo entender que se defienda tanto su identidad singular. 

A continuación hago un breve repaso de cuáles son esos lugares tan especiales de La Gomera, la que es hasta el momento mi isla canaria favorita. 💗 

Y voy a empezar por el principio, hablando de su capital: San Sebastián de La Gomera. Esta localidad posee una vinculación histórica con el llamado descubrimiento de América, ya que fue el último punto de avituallamiento de la primera expedición de Cristóbal Colón antes de partir hacia el "Nuevo Mundo", en 1492, de ahí que La Gomera también sea conocida como la "Isla Colombina". San Sebastián es el centro comercial y la principal puerta de entrada a la isla, donde hacen escala los cruceros y desembarcan los turistas procedentes de otras islas. Entre sus principales monumentos destacan la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la ermita de San Sebastián y la Torre del Conde, una fortaleza ubicada en medio de unos jardines cerca del puerto. Es la única torre que queda en pie de otras tantas que fueron construidas en el siglo XV, como representación del poder señorial y como refugio para defender a los castellanos de los numerosos ataques de la población nativa. Estos enfrentamientos tuvieron lugar durante el periodo de conquista de la isla por parte de los poderes europeos, un episodio histórico conocido como la "Rebelión de los Gomeros", el cual ha logrado sobrevivir por tradición oral en la memoria de sus habitantes. 

Nuestra parada en la capital es efímera debido a las ansias por adentrarnos en el mundo mágico de la laurisilva, y puesto que disponemos sólo de cuatro días en La Gomera no hay tiempo que perder. Elegimos a conciencia la localidad de Hermigua como campo base para recorrer la isla, una ubicación más que recomendable por la proximidad con todos los puntos de interés, incluyendo el Parque Nacional de Garajonay, las playas y otros pueblos. Nuestro práctico alojamiento, del que siento decir que no recuerdo su nombre, contaba con una espléndida terraza privada, repleta de cactus gigantes y telarañas, en la que cada día podíamos contemplar los más bellos atardeceres sobre las montañas. 😍 





Hermigua es un municipio costero del norte de La Gomera, situado en un hermoso valle rodeado de montañas. Sus habitantes presumen de vivir en el pueblo con el mejor clima del mundo y así lo atestigua un insólito cartel a la entrada del pueblo. Tanto el clima como la particular orografía han dado lugar a un enclave rico en recursos naturales, de los cuales se lleva sacando partido muchos siglos. No es de extrañar que al descender por la carretera en dirección al valle de la Hermigua veamos cómo se despliega una alfombra verde de palmeras y plataneras que llega hasta la misma orilla del mar. 

Durante mucho tiempo fue el municipio más próspero de toda la isla de La Gomera, gracias al desarrollo agrícola y sus exportaciones. En la actualidad es un pueblo pequeño, de casas desperdigadas, cuya distribución por la ladera y a lo largo de la carretera, le otorgan una apariencia mayor de lo que en realidad es. Como monumentos principales tiene el convento de San Pedro y la iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, construida originalmente como ermita en 1611. 



El valle de la Hermigua continúa hasta desembocar en el mar. Desde el Mirador de La Punta se aprecia muy bien cómo las casas de colores, salpicadas entre paredes rocosas y plantaciones, alcanzan la extensa playa de Santa Catalina, fundiéndose con el océano Atlántico.   


Sin salir del término municipal de Hermigua, nos acercamos a un extraño lugar al que llegamos por la recomendación de otros turistas. Ya desde la costa se atisban una especie de columnas medio derruidas que llaman la atención junto a los acantilados, conformando una estampa algo tétrica. El acceso echa un poco para atrás al principio, pues hay que dejar el coche en un descampado, atravesar una valla con carteles del tipo "peligro de derrumbe" y andar unos 500 metros vigilando bien los pasos. Pero al final merece la pena llegar hasta este antiguo embarcadero, conocido como Los Pescantes, que vienen a ser unas estructuras levantadas en la costa de algunas de las islas Canarias a principios del siglo XX, cuando las infraestructuras básicas que conocemos hoy en día eran escasas y los desniveles del terreno obligaban a buscar nuevas vías de entrada y salida de personas y mercancías. Con el posterior progreso y la construcción de carreteras estas plataformas quedaron en desuso y hoy sobreviven como vestigio histórico y cultural de otros tiempos. En este caso, los antiguos muros de los pescantes se han reaprovechado para crear una inusual piscina natural que hace las delicias de paisanos y visitantes. Sin embargo, pese a tener el mejor clima del mundo, lo cierto es que el día de hoy no acompaña y lamentablemente no podemos bañarnos debido a una inoportuna tempestad. Otra vez será, nos conformamos con apreciar el espectáculo que ofrecen las olas al romper con furia sobre las viejas columnas y los acantilados, algo realmente hipnótico. 





Una vez conocido lo más cercano comenzamos a circular por La Gomera en busca de nuevas sensaciones. Y para ello lo primero es ir al "Juego de Bolas", que no es otra cosa que el Centro de Visitantes del Parque Nacional de Garajonay. En el interior hay varias salas de exposición muy completas que cuentan la historia de la isla, información de todos los senderos del parque y una proyección audiovisual muy emocionante con la que entran ganas de salir corriendo hacia los preciados bosques. Pero hay tiempo de todo, también de visitar "La Casa de la Memoria", en el que se detallan muchos de los aspectos de la cultura gomera y sus tradiciones más ancestrales. Una que representa gran orgullo para los isleños es el silbo gomero, un peculiar lenguaje basado en enérgicos silbidos que los habitantes han dotado de significado para comunicarse en las largas distancias, constituyendo una lengua única en el mundo que ha sobrevivido hasta nuestros días.  



En el exterior del edificio se puede disfrutar de una buena representación de plantas autóctonas de la isla a modo de jardín botánico. También hay miradores para observar las cumbres del Parque Nacional cubiertas de laurisilva, siempre que esté despejado. 

Detrás del centro de visitantes surge una carretera que en pocos minutos nos conduce hasta el Mirador de Abrante. No faltan los miradores repartidos estratégicamente por toda la isla, pero éste es sin duda unos de los más originales. Se trata de una moderna plataforma de cristal que está suspendida en el aire, sobre un precipicio que se asoma al valle de Agulo. Ofrece vistas aéreas tanto de la propia Gomera como de Tenerife a lo lejos, con la inconfundible silueta de El Teide entre las nubes. Recomiendo andar con precaución por los alrededores del mirador para apreciar todas las perspectivas posibles de los acantilados. 






A continuación bajamos a visitar Agulo, un pueblo pintoresco donde los haya, que ha sido apodado como "El Bombón de La Gomera".

A pesar de su reducido tamaño esta localidad tiene un encanto enorme. El entramado de calles empedradas, sus llamativas fachadas de colores y un entorno natural inigualable le han valido el primer puesto en el ranking de los pueblos más bonitos de España, publicado por la revista británica The Times. Y como no podía ser de otra forma, también es miembro desde 2021 de la prestigiosa lista nacional de "Los pueblos más bonitos de España". Por algo será. 😊

Parte de su singularidad recae en su emplazamiento, al pie de un gran anfiteatro rocoso, rodeado por terrazas de cultivo que forman un verde balcón sobre el mar. 

Agulo, de apenas mil habitantes, fue fundado en el siglo XVII por colonos procedentes de otras islas. Al parecer su denominación procede de un vocablo aborigen que significa <<agua que cae de lo alto en forma de cascada>>. El pueblo fue pionero en incorporar servicios como la red de agua potable, el cine, el teléfono y otros de los que carecía el resto de la isla. Sus calles guardan magníficos ejemplos de la arquitectura doméstica canaria de los siglos XVIII y XIX, siendo una curiosidad que las mejores casas del pueblo han dispuesto sus pórticos y salas de estar dando hacia las montañas y no hacia el mar.

Tómate tu tiempo porque hay mucho que ver en Agulo. De hecho, debido a su peculiar ubicación, el pueblo entero es un mirador en sí mismo. Y en cuanto a monumentos, sobresale en la plaza central la iglesia de San Marcos Evangelista, un templo atípico de estilo morisco. 

Uno de los rasgos más destacados es su alta calidad de vida. Situado en un entorno agradable y muy saludable, la localidad constituye un auténtico remanso de paz, siendo muy apreciada la amabilidad de sus vecinos. Al encontrar todos los bares cerrados, unas señoras que toman el fresco en una plazuela, nos explican que el mes de julio es allí la temporada baja, pero no hay de qué preocuparse porque todas se afanan en darnos otras recomendaciones alternativas para comer fuera del pueblo. Difícil olvidar tanta hospitalidad. 🙌


Es tal la insistencia de una de las señoras que nos encaminamos sin rechistar a un restaurante a pie de carretera, llamado Los Mocanes. Por el camino se hace imposible no parar a contemplar los vastos paisajes "aterrazados", laderas de cultivo que han ido ganando terreno a las escarpadas montañas.  



Al llegar al bar nos encontramos con un pequeño negocio familiar, de auténtica comida local, en el que nos sirven un menú de lo más casero. Tal vez no sea el restaurante más elegante de La Gomera, pero hay que ver lo bien que hemos comido y lo a gusto que nos hemos sentido gracias al trato personal. Al final de todo eso es lo que cuenta. 😉




Seguimos inspeccionando el norte de La Gomera y la siguiente parada es Vallehermoso, otro pueblo con encanto cuyo nombre ya lo dice todo. Situado junto a la costa, en el centro de otro espectacular valle gomero, esta localidad posee un casco histórico ideal para relajarse dando un paseo. Su mayor atractivo es el clima, la naturaleza salvaje y la tranquilidad. 


Alrededor del municipio se encuentran algunas de las mejores playas de la isla y el Monumento Natural de Los Órganos, un impresionante acantilado volcánico al que sólo se puede acceder en barco. La principal construcción religiosa de Vallehermoso es la iglesia de San Juan Bautista, situada al final de la calle Mayor.



Después de la comilona de hoy nos quedamos un poco aletargados, por lo que nos dejamos caer hasta la Plaza de la Constitución para sentir el ambiente de algarabía que se está gestando en el pueblo, con motivo de sus festividades de verano. La gente calienta motores para el gran concierto de esta noche, a cargo de la mítica banda mexicana Los Tigres del Norte, un acontecimiento acogido con gran expectación por turistas y vecinos.   

Y mientras nos tomamos un refresco en la terraza de un bar, distraídos entre espectáculos callejeros y pruebas de sonido para el concierto, notamos que el clima cambia de repente y, en lo alto de las cumbres, comienza a entrar la bruma con lluvia horizontal tan característica de los bosques de laurisilva. No dejo de fantasear con las imágenes de esos árboles envueltos por la niebla que están a tan poca distancia, sólo un poco más arriba de donde nos encontramos. Tras mirar el reloj y comprobar que aún queda un rato de luz, tomamos la sabia decisión de dejar atrás el ruido humano para acercarnos a este espacio natural cargado de energía.  

Y así llegamos a la Laguna Grande, un área recreativa con un centro de información y varios senderos fáciles que se adentran en la joya de la corona de La Gomera. 

Como es tarde y no venimos preparados para la ocasión, nos limitamos a hacer un corto recorrido circular, el cual nos permite ir abriendo boca para las potentes rutas que se vienen en los siguientes días. Pocos pasos, pero suficientes para saciar nuestra sed de naturaleza. 



Los bosques de Garajonay se salen de lo conocido y por eso merecen un capítulo aparte. Prometo narrar más detenidamente la experiencia vivida en éste y otros senderos, pero ahora continúo con otro de esos lugares imprescindibles que ver en La Gomera, que no es otro que Valle Gran Rey, uno de los municipios de mayor afluencia turística. 

Para ello ponemos rumbo hacia el sur de la isla, donde afloran zonas más desérticas y paisajes de lo más abruptos. Por el camino surgen muchos miradores a diferentes alturas que van desvelando de forma paulatina la envergadura de este gran valle. 



La escultura de un gran hombre nos recibe al llegar a este pueblo. Es un homenaje a Hautacuperche, héroe que en 1488 se puso al frente de la llamada "Rebelión de los Gomeros" para defender su hogar de la implacable invasión europea. Según reza en la placa, esta escultura es símbolo de la nobleza, coraje, dignidad y amor a la libertad del pueblo de La Gomera.

Lejos queda la humedad envolvente del Garajonay y su clima cambiante. En la localidad de Valle Gran Rey luce el buen tiempo, un ambiente tranquilo y playas soleadas. 




No puedo terminar este listado sin mencionar el Roque de Agando, una de las postales más reconocibles de La Gomera. Al pasar varios días circulando por la isla era seguro que tarde o temprano tendríamos la oportunidad de ver esta impresionante mole de piedra que aparece en todas las guías de viaje. De hecho, como se ubica en el centro de la isla, ha sido inevitable pasar junto a ella en varias ocasiones a la ida o a la vuelta de las excursiones. El roque se eleva unos 1250 metros sobre el nivel del mar y aunque este tipo de formaciones geológicas proliferan por toda la isla, ésta en concreto es todo un icono debido a su peculiar forma y belleza. La población local le ha asociado desde la antigüedad determinados rituales y leyendas, otorgándole a esta enorme roca un valor cultural y espiritual. 

Hay muchísimo más que ver y te animo a descubrirlo. De momento, he aquí mi particular resumen de esos lugares especiales de La Gomera, la desconocida y pequeña gran isla canaria. 

Con amor, hasta la próxima rutilla.























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