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Un recorrido por Granada a través de sus miradores.

Se mire desde donde se mire, la ciudad de Granada es simplemente una maravilla. Por más veces que la haya visitado nunca me canso de ella, y eso que ya han sido unas cuantas veces a lo largo de mi vida. De pequeña en los viajes realizados con mi familia, o durante mi época de estudiante, en aquellas noches de parranda interminables. Pero también de adulta, en formaciones y congresos, visitas culturales y planes más sosegados. En cualquier caso siempre es un gusto volver y, aprovechando el puente de agosto de 2025 en el que no tenía nada mejor que hacer, me he regalado una escapada en solitario para explorar con suma atención todos esos rincones que previamente se me habían escapado. Recorrerla en soledad era lo único que me faltaba para vivirla de una forma diferente. A mi ritmo y sin planes, Granada y yo. 

Lo que narro a continuación no es una ruta en sí, aunque podría serlo. Es más bien una propuesta para pasear de forma libre por la ciudad y dejarse llevar, sin prisas, hasta puntos estratégicos en los que resulta fácil asombrarse con su belleza. No en vano, Granada hace gala de ser la ciudad con mayor número de miradores de Andalucía. Y aunque yo había estado en los tres o cuatro típicos que todo el mundo conoce, eran demasiados los que ignoraba. Así pues, antes del viaje me puse a investigar y en nada programé un recorrido por algunos de estos miradores, sin pretensión de abarcarlos todos por supuesto, pero sí con el entusiasmo de contemplar otras perspectivas de la ciudad. Todos los miradores que menciono a continuación se pueden encontrar de forma sencilla a través de google maps, aunque también es divertido encontrártelos sin esperarlo. Quiero aclarar que los miradores no se pueden ver todos en un sólo día, a no ser que te apetezca hacerlo a la carrera y sin tiempo para disfrutarlos. Lo suyo es hacer una combinación por barrios para recorrerlos detenidamente a lo largo de varias jornadas. Al menos yo lo he hecho así y el resultado ha sido una experiencia fantástica, no sólo por las panorámicas que he atesorado, sino por los nuevos caminos que he descubierto hasta llegar a ellas. Y aquí muestro mi campo base granadino, una habitación de hotel muy pequeña pero bastante céntrica, ideal como inicio y fin de mis rutas por la ciudad. 

Un buen punto de partida para empezar a buscar miradores es Plaza Nueva, un emplazamiento que sirve como nexo de unión entre el centro comercial moderno y los barrios de mayor casta y tradición. Desde aquí me dirijo, en primer lugar, a la Carrera del Darro, unas de las calles con mayor encanto de Granada, que me hace abrir boca en esta apacible mañana de verano. Casi al final de esta calle se abre una explanada conocida como el Paseo de los Tristes, que si bien no es un mirador como tal, puede considerarse como uno de los muchos rincones especiales que alberga la ciudad nazarí.  

Y es que sólo tienes que alzar un poco la vista para apreciar, justo encima de tu cabeza, el majestuoso conjunto de la Alhambra, con sus bosques y murallas alrededor. No me digas que no es bonito, ¿eh?

Desde aquí me dispongo a buscar uno de esos famosos miradores que aún no conozco, llamado Mirador de la Silla del Moro. Para ello, cruzo el río Darro por el puente del Aljibillo y subo hasta la misma Alhambra, a través de la empinada Cuesta de los Chinos o Cuesta del Rey Chico. Estaba claro que al final tenía que caer una ruta de senderismo... 😅



Recorro el mismo camino que, según los relatos históricos, usó Boabdil, apodado el "Rey Chico", para huir del palacio y encabezar la rebelión que se estaba gestando contra su propio padre, el sultán Muley Hacén.  


Una vez llego a la puerta del monumento, atravieso sus aparcamientos para tomar una pista de tierra que surge detrás y que me lleva a alejarme durante un rato del trasiego de turistas. 

El camino discurre por la ladera del Cerro del Sol, a través de un entorno natural muy agradable por el que de vez en cuando se dejan entrever fragmentos de la célebre Ciudad Palatina.  

La Silla del Moro era una construcción defensiva que servía para vigilar y proteger el complejo de la Alhambra y el Generalife, así como las huertas y acequias que distribuían el agua, que a fin de cuentas era el bien más preciado para cualquier civilización. Al llegar al mirador en cuestión, las vistas se despejan de árboles y surge ante mí una perspectiva inusual de la Alhambra, pues nunca antes la había contemplado desde arriba, con la ciudad entera a sus pies y la vega de fondo. 

Después de esta grata sorpresa, regreso por el mismo camino hasta la Alhambra y me dejo caer hacia la ciudad por los bosques que la rodean. Según voy bajando por la colina de La Sabica, doy por casualidad con uno de los tesoros mejor guardados de Granada, un lugar muy especial que descubrí hace ya unos cuantos años y que apenas recordaba. Se trata del Carmen de los Mártires, una construcción del siglo XIX compuesta por un palacete y unos jardines de estilo romántico, con estanques, esculturas, flores, cisnes e incluso pavos reales. Un escenario de cuento y una visita original donde las haya, que merece sin duda un capítulo aparte. Pero como la cosa hoy va exclusivamente de miradores, voy a ceñirme al guión para mencionar que existen varios puntos con buenas panorámicas dentro y alrededor de los citados jardines. Justo fuera de la puerta principal, hay un banco de madera que mira de forma poética por una ventana que da al casco urbano.   

Y una vez dentro, a mano derecha, hay otro mirador que se asoma en la misma dirección, dejando ver los modernos edificios de Granada enmarcados por la exuberante vegetación del parque. El Carmen de los Mártires no debe visitarse a la ligera, pues alberga rincones secretos y detalles artísticos muy interesantes. Por ello te animo a dedicar tiempo suficiente para recorrer al completo estos espléndidos jardines, no te arrepentirás.    

Pero sigamos con los miradores, que me distraigo... Mis siguientes objetivos se encuentran en el barrio de EL REALEJO, un entramado de antiguos barrios medievales que se sitúan en la parte baja de los jardines de la Alhambra. Según desciendo por la refrescante arboleda, desde el Carmen de los Mártires, llego a las puertas del prestigioso hotel Alhambra Palace, que es en sí mismo otro buen punto de observación de la ciudad. 

Se trata de un hotel de lujo con mucha historia, que dispone de una amplia terraza con vistas a la ciudad, donde se puede comer o tomar el té. Junto al hotel hay unas escalinatas que descienden al barrio del Realejo y desde las que se pueden disfrutar de las mismas vistas del hotel, pero de manera gratuita. 😉 

El Realejo es un barrio especialmente tranquilo, de típicas casas encaladas en las que siguen viviendo los mismos vecinos de toda la vida, ajenos por ahora a la invasión turística que se ha cernido en los últimos años sobre Granada. No tardo en encontrar el Mirador de la Placeta del Sol, un rincón discreto y elegante, que se distingue por la presencia de un antiguo lavadero techado, al parecer el último que queda en pie en toda la ciudad. Desde aquí se pueden ojear los diferentes tejados del barrio, la parte alta de los bloques del centro y la torre de la catedral al fondo. Pero el encanto de este lugar no reside sólo en las vistas, sino en el conjunto de todos los componentes y en la calma que se respira en esta agradable plaza.

Merece la pena perderse a conciencia por el laberinto de calles estrechas del Realejo, para conocer de primera mano cómo es habitar hoy en día en un barrio tan tradicional. El Mirador de la Churra está ubicado justo debajo de los muros de la Alhambra, en una plaza de pequeñas dimensiones que mira de frente al Albaicín. Es una vista diferente de la que gozan, justo unos metros más arriba, los centenares de personas que pasan a diario por el monumento más visitado de España. Sólo que éste es un balcón carente de ruido, íntimo y con alma. 💕    

Por encima de las casas del Albaicín, arriba del todo a la derecha, se atisba la imagen de la ermita de San Miguel Alto, el siguiente objetivo de mi periplo por los miradores de Granada.

Para llegar hasta allí hay que andar un buen trecho, pero me apetece aventura así que después de pensármelo allá voy. Me desplazo hasta la parte alta del Albaicín, avanzando por unas calles estrechas y dificultosas. Supongo que lo de ascender en pleno mes de agosto por un cerro pelado no es un plan apetecible, por ello es lógico que no encuentre por el camino ni turistas ni gente en general. En mitad del recorrido hago un alto en el camino para asomarme al Mirador Cruz de la Rauda, una diminuta plaza con una cruz de piedra desde donde se pueden admirar los patios o cármenes de las casas del Albaicín, con la Alhambra en un segundo plano. 


Y ahora es cuando viene el plato fuerte, pues he de continuar por un descampado solitario a través de unas escaleras que parece que llevan al cielo. No miento si digo que justo en este punto dudo si continuar o no, ya que hace un calor espantoso, no veo a nadie y me estoy alejando por completo de la civilización.

Pero ya que he llegado hasta aquí no quiero echarme para atrás, por lo que sigo ascendiendo por el llamado Cerro del Aceituno o Cerro de los Ángeles, hasta alcanzar los 972 metros de altitud en los que se enclava la dichosa ermita. Hago cumbre en el Mirador de San Miguel Alto y el esfuerzo se ve recompensado con unas vistas de 180º que no tienen desperdicio. No es de extrañar que este templo, que venera la imagen del Arcángel Miguel, formara parte en la Edad Media de la estructura defensiva de Granada, pues se encuentra en su punto más elevado.

Llegar hasta aquí arriba no sólo permite tener un dominio absoluto de toda la capital y parte de la provincia, también ofrece la posibilidad de explorar el peculiar vecindario que se ha ido extendiendo a lo largo de la historia en esta enorme colina. Y hablando de peculiaridades, no muy lejos de aquí se encuentra el SACROMONTE, uno de los barrios más emblemáticos de Granada que, por supuesto, no podía faltar en esta lista. 

Debido a su ubicación en lo alto de una ladera, el Sacromonte cuenta con varios miradores a destacar, algunos de ellos poco conocidos y situados prácticamente en mitad del campo. Pero además de sus privilegiadas vistas, el barrio merece una visita sólo para conocer su pintoresca arquitectura, con las tradicionales casas cueva por bandera, así como los numerosos tablaos flamencos o el ambiente variopinto de vecinos y turistas de todas las razas y estilos. Todo ello con un mágico telón de fondo.  

El Mirador de la Vereda de Enmedio es de los más populares y se encuentra en uno de los ejes vertebrales del Sacromonte. Caminar por esta calle y otras aledañas, hace que te deleites a cada paso con las generosas vistas del Generalife y sus jardines. La Alhambra nos muestra aquí una perspectiva más lejana, aunque igual de hechizante al atardecer.  

Algo más arriba, internándome por las callejuelas más características del Sacromonte, llego hasta el Mirador de Mario Maya, llamado así en honor a un bailaor que tuvo una especial vinculación con Granada pese a no haber nacido aquí. Es un espacio mucho más tranquilo que los anteriores, que se asoma al entorno natural del valle formado por el río Darro. Otro de esos rincones que invitan a parar un poco y disfrutar del silencio.  

Más allá de los miradores propiamente dichos, has de saber que en el Sacromonte todas las casas están dispuestas de tal manera que cuentan con magníficas vistas, así que te propongo deambular a tu ritmo y buscar entre las esquinas el encuadre perfecto. Seguro que lo encuentras.


Pero si hay un barrio mítico por excelencia, a la cabeza de los sitios de mayor interés de Granada, no es otro que el ALBAICÍN. Es el barrio más antiguo de la ciudad, el más afamado y, lamentablemente, también el más masificado. Lo he dejado adrede para el final porque no necesita más publicidad de la que ya tiene, pero claro, tampoco puedo hablar de los miradores de Granada y saltarme el sitio con mayor cantidad. Y no me refiero sólo a los grandes miradores que todos sabemos, el Albaicín está plagado de callejas, placitas y recovecos varios que son en sí mismos excelentes balcones para admirar los detalles de esta hermosa ciudad. Y es un gustazo ir descubriéndolos uno a uno.  

Voy a empezar por el Mirador de Carvajales, que se encuentra en la parte baja del Albaicín, muy cerca del entorno de la Carrera del Darro. El mirador está situado en la plaza de Carvajales, que ya de por sí es un sitio algo escondido que suele pasar desapercibido entre los visitantes. Resulta un rincón refrescante en verano, con árboles frondosos, una fuente central alargada y bancos para sentarse. Prácticamente ofrece la misma perspectiva que otros miradores más concurridos, pero con una mayor tranquilidad. 


Muy cerca se encuentra el Mirador de la Placeta del Comino, una plazoleta muy pequeña que más que un mirador parece la entrada de una casa particular. Desde aquí se puede observar la figura al completo de la Alhambra a la altura de nuestros ojos.  

El siguiente mirador del que quiero hablar está en la plaza Cristo de las Azucenas y se conoce como Mirador de Santa Isabel La Real, ya que se encuentra al lado de este convento. Se trata de una plaza amplia y moderna, con jardines en varios niveles y fuentes de inspiración árabe. Posee una buena panorámica del monumento estrella de Granada con la sierra de fondo. 



En las cercanías de esta plaza se encuentra otro mirador que no sale en las guías y que he descubierto por puro azar. Es un mirador invisible, que se halla en la coqueta plaza de San Miguel, situada en pleno centro del Albaicín y presidida por la iglesia conocida como San Miguel Bajo. 

No tenía previsto que aquí hubiese ningún mirador, pero al ver la iglesia abierta decido entrar a visitarla y mi sorpresa viene al descubrir que se puede subir a su torre principal, o al menos yo no encuentro nada que me impida hacerlo. Asciendo con cuidado hasta arriba del todo, a través de numerosos escalones llenos de cagadas de paloma. Y así de sopetón me veo encaramada a lo alto de la torre de la iglesia, completamente sola y examinando un paisaje de vértigo sobre el Albaicín, el complejo de la Alhambra y toda la magnitud de Sierra Nevada. A ver quién da más. 🥰



¿Y qué puedo decir del indispensable Mirador de San Nicolás que no se haya dicho ya? Aunque ya sospechaba lo que me iba a encontrar en el mirador más mítico de Granada, he querido acercarme de nuevo sólo por recordar viejos tiempos. Cuando apenas era conocida, esta plaza era frecuentada tan sólo por vecinos, estudiantes universitarios y artistas callejeros. En esa época te podías sentar cómodamente en su muro, con tu cerveza en la mano y en soledad, mientras eras testigo de la caída de la tarde y los intensos cambios de color que se producían sobre las paredes de la Alhambra. Tal vez escucharas de fondo la alegre melodía de una guitarra o el ritmo hipnotizador de un timbal o un cajón flamenco. Entonces sí que eran los atardeceres más bellos del mundo, tal y como aseguró Bill Clinton en su visita a la ciudad. Y no ahora, que lo único que se ve son masas de turistas en busca del más recalcitrante postureo. Hay que reconocer que, después de tanta propaganda, el Albaicín se ha saturado y ya no es lo que era. Ahora la gente se agolpa para capturar la mejor foto sin dejar sitio a los demás, haciendo mucho ruido, ensuciando y molestando a los residentes. El exceso de turismo se ha ido de las manos y está haciendo estragos en este precioso barrio que, pese a ser Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ha perdido todo su encanto. Es inevitable sentir cierta nostalgia al rememorar mi época de estudiante, cuando podía pasear a gusto y disfrutar de estos lugares tan especiales sin tanta compañía...  



El Mirador de San Nicolás presume de ser el que posee las mejores vistas hacia la Alhambra, pero nada más lejos de la realidad. Con esta publicación creo que he dejado claro que existen otros muchísimos lugares con vistas espectaculares, así que investiga un poco y no te dejes engañar. De hecho, a muy pocos pasos se encuentra el Mirador de la Mezquita Mayor, un lugar idóneo para alejarte de la insoportable bulla y encontrar algo de refugio. Como el acceso a los jardines de la mezquita es libre, puedes presenciar prácticamente la misma visión que en San Nicolás, pero con más desahogo.  


Si te apetece dejar atrás esta feria, te propongo subir a la parte más alta del Albaicín y callejear hasta el Mirador de San Cristóbal. Se trata de otra atalaya legendaria, que al estar más alta y alejada del resto, nos brinda la posibilidad de ampliar la mirada del barrio, abarcando incluso la antigua muralla zirí que rodeaba la ciudad. 


Pero el Albaicín es un barrio muy grande, así que ya puesta voy a seguir explorándolo un rato más antes de que se agote la luz. A última hora de la tarde me dirijo hacia la zona oeste del Albaicín, sin llegar a bajar demasiado, para dejarme cautivar por una increíble puesta de sol sobre la parte más moderna de Granada.   



Por aquí también hay unos cuantos miradores dignos de mención, ideales para contemplar el atardecer. Uno de los mejores situados es el Mirador Cruz de Quirós, conocido coloquialmente como el "Ojo de Granada". Se encuentra próximo a la popular Calle Elvira y, aunque se ha ido llenando de pintadas, cuenta con un ambiente tranquilo y estupendas vistas. 

Muy próximo aparece el Mirador de la Lona, asentado en una posición elevada, que brinda panorámicas de la parte contemporánea de la ciudad.   

De regreso al hotel paso por el Mirador de la Placeta del Álamo del Marqués, lugar discreto desde el que se divisa la catedral y toda la parte sur de Granada. El restaurante que hay en la plaza aprovecha, en las cálidas noches de verano, para colocar su terraza ante las inmejorables vistas.


Cae la noche y a la mañana siguiente decido subir una vez más al Albaicín, para empaparme de su esencia en mi último día. La intuición me lleva esta vez al Mirador de la Plaza de la Victoria, un enclave de lo más tranquilo que nunca antes había pisado y que ofrece una imagen más centrada de la Alhambra respecto a otros miradores. La plaza está construida en lo que antes era la huerta de un convento que fue destruido en el siglo XIX. 



Es curioso, mientras observo con atención una nueva perspectiva de la Alhambra, relajada en una plaza sólo para mí, escucho en medio del silencio el lejano murmullo de gente procedente del mirador de San Nicolás, situado apenas unas calles más arriba. ¡Qué delicia es poder experimentar este espectáculo a solas! 

Al caminar sin un rumbo específico, me doy cuenta que cualquier callejuela sin importancia puede convertirse de un plumazo en el mejor de los miradores. Por eso, al subir o bajar por sus cuestas, presta mucha atención, date la vuelta de vez en cuando, tantea el lugar. Porque ahí a tu espalda, entre viejas fachadas ignoradas, la Alhambra te estará observando sigilosa con su perpetua mirada. Encuadres que te dejan con la boca abierta, momentos únicos.   

Con amor, hasta la próxima rutilla. 





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