Es tanto lo que tiene que ofrecer el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, que se hace imposible abarcarlo todo en un sólo viaje. No sé cuántas veces habré repetido este destino, pero siempre hay nuevas rutas por hacer. Y eso es fabuloso, ya que siempre habrá un motivo para volver... Así, en la primavera de 2019, nos decidimos a subir por primera vez el Pico Gilillo, el punto más alto de la Sierra de Cazorla y uno de los más elevados del parque natural. Sólo por las vistas merece la pena el esfuerzo, pero también por todo lo que supone andar por este vasto espacio protegido. Un paraíso de biodiversidad, en el que es habitual el avistamiento de fauna salvaje, como buitres, ciervos y cabras montesas. Se recomienda llevar un buen equipamiento y lo que es más importante, presencia y atención.
Para llegar al inicio de ruta hay que desplazarse hasta el municipio de La Iruela, a escasos kilómetros de Cazorla. Por la parte alta del pueblo sale una carretera que hemos de seguir hasta llegar a un hotel de montaña llamado Riogazas, que es en realidad una vieja casa forestal rehabilitada como alojamiento rural. Por el camino, nada más salir de La Iruela, hay un gran mirador que se asoma a la campiña jienense y al pueblo de Cazorla.
La ruta propuesta no es larga ni entraña una especial dificultad técnica, pero requiere de esfuerzo físico por la pendiente.
Después de aparcar por los alrededores del hotel Riogazas nos ponemos en marcha a través de un sendero ascendente que surge en un hermoso entorno de pinar.
No se tarda nada en tener buenas estampas del pueblo de Carzorla, el cual empieza a quedar muy abajo. Por encima de él destaca la imagen del Castillo de las Cinco Esquinas, o Castillo de SalvaTierra, asentado sobre un gran cerro pelado. Queda poco en pie de esta antigua fortificación medieval, apenas unos restos de la muralla y la torre del homenaje de formación pentagonal, pero seguro que por la ubicación que tiene fue de gran importancia defensiva. Los primeros en construir aquí fueron los árabes en torno al siglo XII, para defenderse de los cristianos durante la dominación Almohade de Al-Andalus. Dos siglos después cambiaron las tornas, siendo los cristianos los que edificaron una nueva fortaleza sobre los restos de la anterior para defenderse de los posibles ataques del reino Nazarí de Granada. Conflictos eternos que, lamentablemente, no parece que vayan a cerrarse nunca.
Al ir bordeando la montaña hacia la izquierda dejamos atrás la imagen de Cazorla para otear unas vistas diferentes. Las protagonistas ahora son las magníficas sierras de Jaén, que sobresalen por encima de sus blancos municipios y los infinitos campos de olivos.
La altitud nos hace perder de vista la arboleda, dando paso a un terreno cada vez más pedregoso.
Majestuosas rocas calizas toman de ahora en adelante el control del paisaje. Es momento de afianzar las pisadas y extremar las precauciones.
Poco antes de llegar a la cima hay un paso algo delicado, aunque nada que no pueda hacer cualquiera que acostumbre a subir montañas. Se trata de un momento en el que hay que trepar con la ayuda de las manos y dar algún que otro salto entre las rocas. Y ahora sí, ¡el Gilillo es nuestro!
Con sus 1848 metros de altitud está considerada como la cumbre más alta de la Sierra de Cazorla, sin bien hay otros puntos más elevados dentro de lo que es el parque natural. La posición estratégica del Gilillo lo convierten en uno de esos picos con recompensa, pues a 360º las vistas son vertiginosas.
Tenemos por un lado las impresionantes panorámicas del valle del Guadalquivir, con sus pueblos salpicados entre cultivos, y montañas tan llamativas como las de Sierra Mágina, más próximas, o algo más al fondo las de Sierra Sur de Jaén.
El día casi despejado permite incluso apreciar Sierra Nevada, que se dibuja en el horizonte como una franja blanca que parece flotar entre la tierra y el cielo.
Y si miramos hacia el interior, podemos apreciar la confluencia de todas las sierras que forman el parque natural. Entre unas y otras destaca la altiplanicie de los Poyos de la Mesa, una de las rutas más conocidas de estos lares, que vista desde aquí se me antoja muy diferente.
¿Qué tendrán las montañas que brindan tan buenos ratos? Y no me refiero sólo al momento de subirlas y bajarlas, porque también siento que sucede algo así después, al contemplar las fotos y recordar el camino... Pues eso, aquí nos quedamos los tres valientes un tiempo más, con nuestro almuerzo y la reflexión interior a la que invita cada nueva cumbre.
Iniciamos el regreso por el mismo camino, satisfechos de haber agrandado un poco nuestro currículum montañero.
Aunque la vuelta se haga por el mismo camino, las perspectivas no son exactamente iguales. Algo ha debido de cambiar ahí arriba.
Más abajo nos desviamos un poco hacia el Mirador Riogazas, desde el que se tiene un primer plano de la bonita Cascada de La Malena.
Continuamos hasta llegar al coche y por la pista paramos a contemplar la Cascada de El Chorro, un espectacular salto de agua de unos 70 metros de altura, que se ubica entre cortados calizos y se nutre de las aguas del deshielo.
Existe la posibilidad de añadir dificultad y kilómetros al itinerario de hoy, para ello habría que salir desde la Plaza de Santa María, en el mismo pueblo de Cazorla, y ascender por el arroyo del Cerezuelo hasta empalmar con la pista forestal del hotel Riogazas. En nuestro caso, hemos optado por la versión fácil para no acumular más cansancio en estos días de tantas excursiones por la zona.
Con amor, hasta la próxima rutilla.
Más información técnica de la ruta y descarga del mapa aquí.







































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