Si viajas en verano a Portugal, debes saber que además del clásico turismo de playa que ofrece su extensa costa, también es posible darse un refrescante baño en alguna de las numerosas playas fluviales repartidas por su geografía. Charcas, pozas y cascadas, enclavadas en magníficos pajares naturales, que son el remedio perfecto para combatir las altas temperaturas en las regiones de montaña.
Tal es el caso de Cortes do Meio, una pequeña aldea serrana, perteneciente al municipio de Covilhâ, que de forma reciente ha sido nombrada como "la capital de las piscinas naturales de Portugal". Un refugio climático para los amantes del turismo rural y la soledad.
Este conjunto de piscinas se ubica en el extremo sur del Parque Natural Sierra de la Estrella, un lugar muy apartado de todo al norte de Portugal. Sus aguas provienen de los manantiales que hay en las altas cumbres, en torno a la meseta de Penhas da Saúde, y descienden con gran fuerza a través del cauce del arroyo Cortes, afluente del río Zêzere. Durante miles de años se han ido formando una serie de pozas y saltos de agua a lo largo de este arroyo semiglaciar, debido a los procesos de modelado y erosión. Dado que esta sierra se caracteriza por los afloramientos de grandes bloques de granito, el agua se ha visto obligada a saltar entre las rocas, dando origen a una docena de pozas naturales conectadas entre sí. Descubrirlas una a una es un reto no apto para todos los públicos. La mayoría tienen fácil acceso y están bien señalizadas, pero otras tantas permanecen escondidas y en estado salvaje, lo que requiere para su localización un nivel experto de montañismo. 😅
Tal vez en otro momento, porque hoy venimos en plan relax, con el picnic a cuestas y muchas ganas de estar en remojo. El sofocante calor que sigue haciendo en pleno mes de septiembre, obliga a reconfigurar los planes de este viaje por el interior de Portugal. Por ello, decidimos visitar sólo algunas de estas playas fluviales mediante una sencilla ruta que no llega a seis kilómetros. Empezamos en Cortes do Meio, una localidad muy próxima a Covilhâ, que se asienta sobre una ladera rodeada de verdes huertas.
Dejamos el coche en unos aparcamientos a las afueras del pueblo y nos dirigimos en primer lugar a Poço da Fatela. Un paseo de cinco minutos por una pista peatonal nos hace entrar en materia.
Medio escondida por la abundante vegetación emerge la primera poza de aguas cristalinas. En este caso se halla rodeada por la construcción de una pequeña presa que no resta vistosidad al conjunto.
El nivel de pureza del agua en todas estas pozas es excelente. Ello es debido a que las cabeceras de la cuenca del río están rodeadas de hábitats de montaña protegidos, con pastizales que actúan como filtros naturales del agua. Al inicio de la época estival aumenta el caudal por el deshielo de las montañas, lo que supone un descenso de la temperatura del agua considerable. Pero merece la pena, porque un baño en cualquiera de estas playas supone un potente ejercicio de conexión con la naturaleza.
La siguiente parada es Poço da Ponte Velha, una de las piscinas naturales más fotogénicas.
Un agradable paseo, en medio de zonas de cultivo y árboles frutales, nos conduce hasta esta pequeña laguna que se despliega junto a un puente de piedra y un entorno rebosante de verdor. Su escasa profundidad hace de esta zona de baño el lugar ideal para que chapoteen los más pequeños.
A partir de aquí iniciamos una caminata más larga hasta la siguiente poza, siguiendo las indicaciones del sendero PR17 CVL-Rota das Pontes.
Algunos tramos del sendero se muestran un poco abandonados y cuesta moverse porque han sido engullidos por los arbustos.
Llegamos a Poço da Monteira, una de las mejores playas fluviales de la ruta y la elegida para pasar el resto del día tras finalizar la excursión.
Tomamos distancia del pueblo y ponemos rumbo a una poza que está algo más alejada.
Esta ruta discurre por veredas rurales que atraviesan piscinas naturales, molinos y puentes, mostrando un paisaje auténticamente serrano.
Tras subir una buena cuesta pasamos a un terreno más llano y con un ambiente más fresco gracias a un agradable bosque.
Continuamos por una pista de tierra que surge a la derecha y que conlleva un ligero ascenso hasta el desvío para la siguiente poza. Al principio hay algunas propiedades privadas y poco a poco el paisaje se va volviendo más agreste.
A partir de la señal de madera toca bajar por un sendero empinado y algo salvaje. Poço do Funil se hace de rogar porque se encuentra en un sitio casi secreto, pero cuando aparece nos deja sin palabras.
Se trata de un conjunto de pozas con un aspecto muy diferente a las anteriores, pues son grandes rocas de granito esculpidas a lo largo del tiempo por la fuerza del agua. Un desgaste continuo, provocado por el arrastre de sedimentos, que se ha encargado de pulir la parte más débil de la piedra hasta crear unas depresiones circulares en el lecho del río, conocidas como "Marmitas de Gigante". Estas maravillas naturales recuerdan mucho a las que hay en la Garganta de los Infiernos del Valle del Jerte, en Extremadura, uno de los mejores ejemplos de este tipo de formación geológica.
Aunque la zona de baño sea espectacular no es desde luego la más práctica para pasar el día, por ello decidimos ir en busca de un plan mejor. Más allá de esta poza el camino continúa hacia arriba, donde se ocultan otras tantas piscinas naturales a mayor altitud. Para llegar hasta ellas hay que tomar senderos más dificultosos y sin señalizar, usados exclusivamente por los pastores con experiencia en conducir a sus rebaños a los pastos más altos de las montañas. Nosotros hoy buscamos calma, así que regresamos a Cortes do Meio siguiendo el camino de tierra del margen izquierdo del río.
Antes del merecido chapuzón merodeamos un poco por las desérticas calles del pueblo.
Cortes do Meio en un municipio tranquilo, que aún vive de la ganadería y de la elaboración de productos típicos como su sabroso queso, el Queijo Serra da Estrela. La localidad ha experimentado cierto auge turístico en los últimos años, en parte porque ha sido incluida en la red de Aldeias de Montanha, lo cual le ha dado más visibilidad, pero también porque las piscinas naturales repartidas por la región suponen un incentivo que cada vez va ganando más adeptos. El pueblo combina lo mejor del paisaje natural y urbano, con sus calles empedradas y sus fachadas de granito. Alberga dos templos religiosos muy coquetos: la iglesia parroquial de San Roque y la capilla de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
Ha sido un acierto comenzar el recorrido de abajo arriba, para ir en primera instancia en ascenso y disfrutar de la parte fácil a la vuelta, cuando la temperatura es más elevada. Ya sólo queda dejarse caer por un camino escalonado que sale de una calle del pueblo y que va directo a Poço da Monteira.
Ésta es en realidad la única piscina natural oficial, pues cuenta con infraestructuras básicas para la comodidad del bañista, como merenderos con zona de césped, aseos públicos y bar con terraza. Es sorprendente el aspecto impoluto que muestran todas y cada una de las pozas. 😊
El buen estado de conservación en el que se encuentran estos enclaves fluviales no es por casualidad. Si podemos disfrutar de un entorno tan limpio es porque hay una concienciación envidiable entre la población local. Y todos debemos velar porque siga siendo así.
Si eres de esas personas que disfruta de la sierra y de los baños en el río, este destino es para ti. Y aunque la mejor época para bañarse en estas gélidas pozas sea en verano o a finales de primavera, cualquier momento del año es bueno para visitarlas y admirar el paisaje en el que se enmarcan.
Con amor, hasta la próxima rutilla.
Más información técnica de la ruta y descarga del mapa aquí.





















































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